¿Abrir fuego a lo que siento?
Una caminata a mis sentimientos…
No parece obvio, nada de lo que pueda aparecer en mis ojos es obvio, nada de lo que pueda hacer es producto de la maquinaria de la nada.
¿Cuáles son los acordes de lo que significa esto?
No puedo dejar de imaginar lo que en tus ojos vi, no puedo dejar de soñar con lo que tus manos pueden dibujar.
De mis piernas emergen gotas de una seducción vibrante, caen raudas por las conjeturas de la vida, se enmarañan con las suavidades de tu pelo.
¿Qué puede decir una cabeza razonable frente a todo esto?
Creo que las sutilezas de mis labios pueden acallar las palabrerías baratas, creo que un sólo roce basta para poder mezclar el dolor y el placer, sin salir perjudicados, pero sí, adjudicados a algo.
No puedo ver lo que en el otro prado se está montando, no puedo saber lo que tus pensamientos envuelven.... sólo tengo una sola claridad.
Hablando de historias que la vida nos entregó.
En mis músculos se crean nuevas entradas a las sensaciones.
Completamente viva.
4 de diciembre de 2007
27 de julio de 2007

Por fin las aguas se calman, desde hacía mucho tiempo que se agitaban y expelían un olor nauseabundo, hubo una gran tormenta, todo lo que no estaba bien edificado se derrumbó, pero muchas cosas están de pie, más de las que yo creía. El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato, en los labios de Buda, no soy una seguidora de él, pero sí, una seguidora de la buena palabra, de los versos…he reconocido mi insensatez…pero no por eso soy sabia, ni mucho más, sólo me siento aliviada, descongestionada, por fin, nadando tranquila en mis aguas.
12 de julio de 2007
¿Labios o Nariz?
26 de junio de 2007
Entre una manzana y una frutilla...¿Qué diablos crees que eligiré?...es fácil, tu lengua.
Basta que mi mirada se enfoque, entre burbujas de saliva, mil doscientos soldados de garras que no logran contener, no.
Pero, qué diablos, mis palabras se esfuman...como mis pesadumbres en la almohada.
Silencio, que ya no escucho.
Basta que mi mirada se enfoque, entre burbujas de saliva, mil doscientos soldados de garras que no logran contener, no.
Pero, qué diablos, mis palabras se esfuman...como mis pesadumbres en la almohada.
Silencio, que ya no escucho.
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